El retrato que propone Cristian Mungiu sobre Rumania fácilmente podría ser el retrato de cualquier otro país del mundo. Corrupción y poder que favorecen siempre a quienes están cerca de los que toman decisiones. Un círculo de favores que genera desigualdad desde todos los frentes y hunde hasta lo más profundo a las sociedades.
El panorama es desalentador para un hombre correcto como Romeo, que sufre como padre para ofrecerle una mejor calidad de vida a su hija, y que tiene que enfrentarse al nepotismo de su país. Sin embargo, este hombre, se debate entre asuntos morales y familiares para cumplir sus propósitos. Tanto así, que se siente culpable por el detonante que descarrila sus planes, aunque perezcan los planes para su hija.
Mungiu recurre a escenas largas, diálogos fluidos y creíbles, y planos secuencias complejos a nivel actoral, para narrar este drama agobiante que reflexiona sobre la sociedad y sobre la familia. Por eso y mucho más se ha llevado el Premio al Mejor Director en Cannes 2016.
Véanla, al ritmo de cada quien.

