Estar frente a la última película de Park Chan-wook es un exquisito deleite para los sentidos. La brillantez radica en su inexplicable y apasionante juego de géneros cinematográficos dentro de una misma narración, pues así como te da suspenso, te da erotismo, thriller y hasta drama. Una historia que engaña al espectador y a sus protagonistas, y que ingeniosamente encaja las piezas a través de saltos temporales, de ahí que el montaje sea uno de los grandes oficios artísticos de esta cinta.
Visualmente es una obra maestra logrando una unidad simbólica entre luz y color. Todos han hablado de su manejo de cámara e iluminación, y con mayor razón. Artísticamente se convierte en un referente moderno de cinematografía. Una película de buen gusto que nos transporta no solo temporal y espacialmente sino emocionalmente, a un enrarecido universo oriental de pasiones, intrigas y engaños.
Véanla, al ritmo de cada quien.

