La vida de Calabacín es una simpática y corta cinta realizada con la técnica de stop-motion, que ha tenido gran acogida entre su público.Como muchas de las películas de animación, su temática trasciende el espectro de su público, cumpliendo su labor entre los niños y a su vez dejando un mensaje profundo entre los grandes.
Hablar de orfanatos es sinónimo de desprotección, de necesidad y carencia, y aunque sus personajes rondan entre estos términos, resulta divertida la propuesta de alejar el drama y abordar audazmente situaciones difíciles de exponer para los infantes, llevándolas por una línea de emotiva y con un ingenioso humor.
Su directora, la suiza Claude Barras, comienza su inclusión en los largometrajes con una excelente carta de presentación siendo nominada tanto en los premios Óscar como en los Globo de Oro a mejor película de animación. Además de ganar en el Festival de San Sebastián el Premio del público al mejor film europeo.

