Entre caras largas, una vida fría y el patetismo se desarrolla una historia de emigración, que contrapone la dureza de realidad con lo paradójicamente simple que puede llegar a ser la misma. Por un lado la situación del emigrante Sirio y por el otro la de un ciudadano finlandés en busca de cambios. Todo esto, narrado desde una atmósfera parca y sobria que deja su sello, repleta de inexpresividad, y con una banda sonora diégetica que impone su ritmo.
Difícil es encontrar una sonrisa o un gesto alegre entre los personajes, y en sus diálogos ásperos y directos se percibe sinceridad pura con el más alto grado de humanismo. Ese que se ha venido forjado en el cine nórdico, lleno de ironía y humor, con un estilo propio y particular, fruto del reflejo de una sociedad con tantos beneficios como vacíos existenciales, del que se destacan directores como Roy Anderson, Bent Hamer y el mismo Aki Kaurismäki. Este último, ganador con esta película en Berlín al Oso de Plata.
Véanla, al ritmo de cada quien.

