Extrañeza. Es la primera sensación que causa esta cinta húngara que de entrada golpea la sensibilidad hasta del más carnívoro, en un contexto tan cotidiano como lejano; un matadero. Allí, sucede una historia brutalmente humana bajo ese entorno cruel de salvajismo que ataca al más débil, incluso humano. Y sucede, y gira alrededor de un par de personaje inolvidables, indefensos y llenos de matices que se van descubriendo con el correr de los minutos.
Tanta poética en las imágenes, la luz, los reflejos, siempre enfrentados en un plano, un encuadre, una mesa; están ella y él batallando contra la interacción social, forzando sus personalidades y cediendo ante el temor. Una cinta que camina entre lo onírico, lo trágico, lo humano y lo romántico de manera elegante y sutil. De esas que dejan una grata sensación frente a la pantalla, de un cine sencillo y complejo al mismo tiempo, y de un romance frío y emocionante, aunque parezca contradictorio. Todos los méritos por ese oso valioso de la capital alemana obtenido el año anterior.
Véanla, al ritmo de cada quien.

