Entre establos, crines, estribos y corrales, sucede una profunda historia de aceptación, cercana al documental, que sumerge al espectador en un universo tan apasionante como temerario. El personaje principal se enfrenta a una reinterpretación de sí mismo, en un camino lento y con obstáculos que dejan desvelar la fortaleza mental y el carisma de un joven que solo conoce su quehacer y vibra por él. Ingeniosamente su directora, a través de una narrativa de docuficción, conecta este particular mundo aguerrido y fuerte de los vaqueros con la bondad y sensibilidad del ser humano.
Las interpretaciones de sus actores naturales supera toda expectativa. Se muestran creíbles, potentes y libres en un establo rodeado de luces y cámaras que olvidan facilmente para contagiar de valentía y crudeza en cada escena. Es de destacar a su vez la capacidad de su directora - mujer con descendencia oriental - para crear una cinta western, repleta de tanta virilidad. Una de esas tantas películas destacadas del año, que pasan desapercibidas, y que ahora pueden disfrutar. Véanla, al ritmo de cada quien.

