El que conoce el cine de Sebastián Borensztein sabrá a qué atenerse si vió por ejemplo "Un cuento chino", que guarda unas semejanzas estilísticas, y que conserva una narrativa donde el folclor y la argentinidad se unen en una comedia con tintes de tragedia. Esta cinta ocurre bajo un contexto particular en una de las tantas crisis del país gaucho, esta vez la del 2001.
La tendencia de este director es retratar el costumbrismo de una patria diversa afectada al igual que muchos países latinoamericanos por la corrupción, y que a modo de fábula plantea diversión y reflexión, esta vez con un reparto envidiable. Quizás, uno de los elencos más completos y experimentados, reunidos en una película de este país del sur, dirigida a la familia, para pasar la tarde. Habrán dudas en cuanto a la veracidad y la finura de su guion, aunque la empatía y las sonrisas acompañen el relato hasta el final.
Véanla, al ritmo de cada quien.

