Un ejercicio de observación cuidadoso se convierte en un ingenioso disparate. De forma brillante el director palestino nos plantea situaciones cotidianas cargadas de sátira y absurdo donde las conclusiones van por cuenta del espectador. Los estigmas que carga el país y sus connacionales se abordan de forma simpática y dejan ver las similitudes del ser humano a través de las fronteras. Hay cierta locura y desatino en cada lugar, de diferentes formas y de diversas maneras.
Cierta particularidad en el film, como es la ausencia de diálogos por parte de su protagonista, imprime un estilo y una dosis de humor extraño pero seductor. Los silencios incómodos refuerzan la retorcida idea de deambular como observador, con cierta expresividad y reserva. Y la recurrente alusión a la guerra, las tensiones y la vigilancia del estado a través de las fuerzas militares le imprimen estilo y consolidan un mensaje que no puede perder de vista de dónde proviene.
Una dedicatoria a todo lo que denota Palestina desde una perspectiva peculiar y con ciertos tintes de tragicomedia. Una película que colecciona momentos notables, por momentos dispares, donde se nota la extrañeza de la dirección del mundo.

